22 de noviembre de 2010

Haciendo política en Barcelona


Cuando la gente me dice que no vota porque considera que todos los políticos son una pandilla de vagos, ladrones y embusteros me suelo encontrar en un duro compromiso, pues aunque considero fundamental que todos ejerzamos nuestros derechos democráticos, me siento moralmente incapacitado para desmentir con sinceridad estas percepciones generalizadas. Afortunadamente, entre tanto indeseable, contamos con una parlamentaria de calidad, de las que ya no quedan en España; una vizcaína de 58 años que ha conseguido que muchos recuperemos la ilusión por la política.


Es para mí extraordinariamente difícil hablar de Rosa Díez sin redactar un acaramelado panegírico, sobre todo al recordar el acto que presencié ayer en Barcelona. Tras un largo paseo por las calles de la ciudad condal, repartiendo nuestro periódico, llegamos a la Barceloneta. Allí, en el Paseo Marítimo, Rosa comentó entre risas lo oportuno que sería dar una pequeña charla informativa. Dicho y hecho: espontáneamente, unos compañeros pidieron una mesa en una terraza cercana y Rosa, ni corta ni perezosa, se subió a ella como si nos encontrásemos en el Speaker’s Corner londinense. Pronto empezaron a llover las consultas: primero de los afiliados, que preguntábamos sobre nacionalismo y autogobierno; y luego de los ciutadans del carrer, mucho más interesados en asuntos más tangibles, tales como el paro, la economía, la inmigración o la conciliación laboral. Rosa demostró que tiene opinión sobre todo y que no necesita notas ni apuntadores, desenvolviéndose ante las preguntas de los ciudadanos incluso mejor que se maneja en sede parlamentaria. Y lo que es más fabuloso es que se prestó a todo aquello a sabiendas de que no tendría ninguna repercusión mediática -se negó desde el principio a quitarse la blusa-.


En definitiva, esta experiencia me ha servido para comprobar la desafección total que sienten los catalanes hacia su clase política: una fétida oligarquía -aún más putrefacta que la nacional- dedicada durante los últimos 30 años a inocular el veneno del separatismo en la ciudadanía catalana. El resultado: una ciudad en franca decadencia, que está perdiendo el cosmopolitismo que la caracterizó el siglo pasado para convertirse, si nadie lo remedia, en una ciudad provinciana y plegada sobre sí misma. Mientras tanto Madrid, imparable, ha dejado de ser percibida como la arcaica Villa y Corte, rancia y cañí, cuna del bodrio nacional, relevando a Barcelona en sus atributos de urbe animada, universal y vanguardista. No obstante, y aunque estoy profundamente orgulloso de mi tierra, me entristece terriblemente ver el grado de postración moral, cultural, económica y política que está alcanzando Cataluña por culpa de sus políticos.


Para terminar, dos deseos: que el domingo los catalanes elijan un parlamento lo menos independentista posible y que el lunes los de Mou asalten el Camp Nou.


¡Viva España, visca Cataluña!


2 comentarios:

  1. A mí todavía me duele el gemelo derecho de patearme las calles, pero mereció la pena :)

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  2. Si, definitivamente te quedo un texto un tanto panegírico... Pero bueno, para eso escribes, supongo, xD
    Si hay una cosita que me gustaría matizar. No me parece para nada que Barcelona esté perdiendo sus características como ciudad cosmopolita. Lo digo con conocimiento de causa, pues yo también he estado allí recientemente. Más bien creo que Madrid y otras ciudades han experimentado un proceso muy semejante que ha llevado a que Barcelona ya no sea esa especie de "Meca cultural" que todos teniamos idealizada. Esa misma pátina de cosmopolitismo la he podido notar yo en ciudades como Valladolid, Málaga o Valencia recientemente (y según por donde vayas, igual que en Madrid y Barcelona, supongo). Y por otro lado, no nos podemos olvidar que los barceloneses tienen su propia personalidad, como la podemos tener los madrileños, o los sevillanos o los vigueses. De hecho, creo que UPyD debería tener en cuenta esa "peculiaridad" que tienen, ya no solo los barceloneses, sino todos los catalanes. Hemos oído en campaña a candidatos tan poco sospechosos de colaborar con el nacionalismo como son Albert Rivera, Josep Anglada o Alicia Sanchez-Camacho dirigirse a su público en catalán y hablando de Cataluña y no tanto de España, como si parece haber hecho UPyD (al menos por lo poco que he podido oir de su campaña, vilmente silenciada). Creo sinceramente que solo reconociendo esa peculiaridad catalana podrá UPyD ser tenida en cuenta en Cataluña. No es un imposible, ahí tenemos el diputado logrado en Euskadi, otra comunidad no escasa de personalidad propia...
    Un saludo!

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