¡Qué infamia! Todavía no me explico como, habiendo hecho tantos cambios, ninguno me pueda parecer acertado. No sé ni por donde comenzar, la remodelación me ha defraudado totalmente, aunque pensándolo bien, puedo decir que hay un elemento que se lleva la palma. Estoy hablando de Manuel Chaves, que vuelve al gobierno central 19 años después. Este personaje encarna los peores vicios del felipismo: el amiguismo, la corrupción, el clientelismo, el enchufismo y el voto cautivo, por supuesto, adecuadamente subsidiado. Tras casi 20 años dirigiendo la Junta de Andalucía, ha conseguido que el nivel de vida de esa región, lejos de converger con el del resto de España, haya ahondado las diferencias. Y es que estamos hablando de casi un millón de parados, una cuarta parte de todos los desempleados del conjunto de la nación. Pues sí, este señor va a ser el responsable de dirigir las relaciones del Estado con las Autonomías, cuyos acuerdos de financiación serán fundamentales para que Zapatero pueda seguir gobernando. Si no fuera porque eso de hacer negociar a las partes con el todo en igualdad de condiciones me causa estupor, ahora mismo me estaría carcajeando de ver en manos de quien se ha puesto el presidente del Gobierno.Siguiendo con José Blanco -Pepiño para los amigos-, se incorpora al gobierno en sustitución de la inoperante mayor del reino, tras ocho años dirigiendo la estrategia del partido. Este perro de presa, cuya bajeza moral es indudable, está convencido de que la política consiste en lanzar demagogia barata contra el adversario, lo que siempre me hizo pensar que PSOE y PP se diferencian bastante poco. Pepiño es algo así como eran Acebes y Zaplana, un necio sin escrúpulos al que siguen casi la mitad de los españoles y detestan casi la otra mitad. Pura confrontación cainita.
¿Y qué hay de la nueva Vicepresidenta Económica? Elena Salgado es una verdadera burócrata ya desde tiempos de Felipe, con lo que quizá no debamos dudar de su preparación, pero sí de la confianza que suscita. Esta señora tiene la difícil tarea de reactivar nuestra economía, y para ello, la confianza es el factor clave. Esperemos que no le venga demasiado grande.
Por otro lado, cada crisis de Gobierno me hace plantearme la misma pregunta: ¿todos valen para todo? En esta ocasión, el ejemplo más claro es el de Trinidad Jiménez. Amiga íntima de Zapatero, tras ser vapuleada por Gallardón en las municipales de 2003, fue llamada para dirigir las relaciones con Iberoamérica. Ahora es Ministra de Sanidad: ¡Qué polivalencia la de esta mujer! Espero que su manifiesta incapacidad para la oratoria le impida llegar más alto.
Llegamos ya a las dos sorpresas: en primer lugar, Ángeles González-Sinde (Sinde-scargas, como la llaman algunos), de la que poco se sabe aparte de que quiere prohibir el P2P. No da el perfil en absoluto, pero claro, Zapatero tenía que agradecer de alguna manera el apoyo a los de la ceja. La misma progresía repugnante de siempre. En segundo y último lugar, llegamos a mi buen rector, el hermanísimo: Ángel Gabilondo. Nuevo Ministro de Educación, rescata para sí las competencias sobre Universidades. ¡Desastre total! La hipocresía de este señor es muy preocupante: a la vez que consiente acampadas anti-Bolonia en los pasillos de la universidad, permite que el denostado plan se aplique del peor de los modos en la Autónoma, con una imprevisión total y con mayor dureza que en otras universidades. ¿Por qué su nombramiento? Sus conexiones con Prisa y su oposición a Aguirre -bastante razonable, eso sí- son la respuesta.
Por último, no puedo pasar por alto el hecho de que, aprovechando la remodelación, Zapatero debería haber suprimido dos o tres Ministerios de poca entidad, que en época de crisis nadie logra entender. Pero bueno, conociéndole, casi hay que agradecerle que no haya cumplido lo que prometió, creando un Ministerio de Deportes. Ya me imaginaba a Laporta de ministro…

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