Me apena decirlo, pero nuestras relaciones exteriores se han convertido en claro reflejo del desgobierno en que se haya sumida nuestra nación. El caso de Kosovo ha puesto de manifiesto la total descoordinación entre Presidencia, AA. EE. y Defensa. El anuncio de Chacón, presunta heredera política de Zapatero, dejó “con el culo al aire” a nuestro cuerpo diplomático. Partiendo de la base de que no me gusta Moratinos, al que nunca vi a la altura, creo que es fundamental consultar con él cualquier acción de calado internacional, y no supeditarlo todo al partidismo y a los intereses personales de una ministra cuya creciente influencia en el ejecutivo nadie puede negar.Es indiscutible que no podemos mantener tropas en Kosovo, cuya independencia unilateral no reconocemos y no nos conviene reconocer. Y yo no temo a la llamada “balcanización” de España: somos una nación desde época romana, unida patrimonialmente por los Reyes Católicos y políticamente por los Borbones, siendo todo ello refrendado por los ciudadanos ya desde 1808, con un proceso juntero donde los españoles dejaron muy claro qué querían ser. ¿En un contexto de amenaza externa? Por supuesto, ¿y qué? Alemania hizo alemanes matando franceses y Francia hizo franceses matando alemanes. Es, en definitiva, la historia del huevo y la gallina, ¿qué fuimos antes Estado o nación? Pues, sinceramente, ni lo sé, ni me importa. Sólo puedo decir que el caso yugoslavo es completamente distinto al nuestro; hablamos de un mosaico étnico y religioso donde era imposible encontrar un elemento aglutinador en torno al cual cohesionarse. Peor aun, Yugoslavia ni siquiera pudo llegar a hacer yugoslavos matando alemanes ya que, en el siglo XX, la pugna fue sobre todo ideológica y no tanto nacionalista. Así, y aunque el carisma de Tito les mantuvo unidos, su muerte fue el principio del fin de aquel experimento versallesco.
Pero volvamos a nuestro gobierno. A todas luces es evidente que se debe proceder de otra manera: anunciar la retirada de las tropas, 48 horas después de la visita de Medvédev, es una deshonra para nuestra nación. Y es que no olvidemos que el paneslavismo ruso, con el proteccionismo a Serbia como mayor exponente, ya fue uno de los detonantes de la Primera Guerra Mundial. Nuestra retirada de Kosovo huele que apesta a gas ruso, y todo ello sin avisar a Washington. No soy sospechoso de ser pro-estadounidense, ni siquiera ahora que Obama está regenerando sus principios nacionales más positivos, pero estoy seguro de que para que nos tengan en cuenta a nivel mundial es imprescindible que nos respete el líder del que todavía es el país más importante del planeta. Y sólo por compartir mesa y mantel en la cumbre del "G-20 y pico" no lo va a hacer.
En resumen, son nuestros complejos los que, una vez más, nos provocan tal estrechez de miras. No estoy diciendo que seamos una potencia mundial, pero creo que tampoco ocupamos el sitio que nos corresponde por Historia, capacidad económica, demográfica, política y cultural. Si España jugara bien sus bazas podría ser un importante factor diplomático a escala mundial, con un papel fundamental en las relaciones entre Europa, Iberoamérica, Estados Unidos y el Magreb. La crisis va a deparar un cambio en el orden mundial que, sin lugar a dudas, deberíamos aprovechar, pero mientras estemos gobernados por palomas no podremos ser halcones. Y tengo muy claro que eso se puede conseguir sin fotos en las Azores y sin guerras en Iraq. Es mucho lo que nos jugamos.

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